Documentos a texto completo CEPIS/OPS/OMS



Principios de higiene de la vivienda

Organización Mundial de la Salud
Ginebra 1990


Indice 

Prólogo
Introducción
    Principios
    Consideraciones
    Situación y obstáculos

Parte I. Principios relativos a las necesidades sanitarias

1. Protección contra las enfermedades transmisibles

1.1 Abastecimiento de agua salubre en cantidad suficiente
1.2 Eliminación higiénica de excretas
1.3 Eliminación de desechos sólidos
1.4 Desagüe
1.5 Higiene personal y doméstica
1.6 Preparación higiénica de los alimentos
1.7 Salvaguardias estructurales contra la transmisión de enfermedades

2. Protección contra los traumatismos, las intoxicaciones y las enfermedades crónicas

2.1 Características estructurales y ajuar doméstico
2.2 Contaminación del aire interior
2.3 Seguridad química
2.4 El hogar como lugar de trabajo

3. Reducción al mínimo de los factores de estrés psicológicos y sociales

4. Mejora del entorno habitacional

5. Uso adecuado de la vivienda

6. Protección de las poblaciones especialmente expuestas

Parte II.. Principios relativos a la acción sanitaria

7. Propaganda de la salud

7.1 Función de las autoridades sanitarias
7.2 Función de grupos conexos
7.3 Mensajes de salud

8. Políticas económicas y sociales

9. Acción intersectorial para la planificación y la gestión del desarrollo

9.1 Planificación y gestión del desarrollo
9.2 Urbanismo y ordenación del suelo
9.3 Legislación y normas en materia de vivienda y su aplicación

9.4 Diseño y construcción de viviendas
9.5 Suministro de servicios comunitarios
9.6 Supervisión y vigilancia

10. Educación para una vivienda salubre

11.Cooperación y autoayuda comunitarias

Bibliografía

Anexo 1. Reunión consultiva de la OMS acerca de la vivienda y sus repercusiones sobre la salud


Prólogo

Además de su finalidad básica de guarecer al ser humano contra los elementos y darle un ámbito para la vida familiar, la vivienda debe protegerle contra los riesgos del entorno físico y social para la salud.

Lo ideal sería que la vivienda fomentara la salud física y mental y proporcionara a sus ocupantes seguridad psíquica, vínculos físicos con su comunidad y su cultura y un medio para expresar su individualidad.

Lamentablemente, la mayor parte de la población mundial vive en viviendas que no permiten gozar plenamente de esas ventajas. Un gran número de ellas, cada vez más considerable, no sólo no protege la salud de sus moradores, sino que los expone más a riesgos ambientales que a menudo podrían evitarse. Están particularmente expuestas las personas que se ven atrapadas en un rápido proceso de urbanización con recursos limitados y políticas públicas inadecuadas.

Las fuerzas subyacentes que condenan a la gente a condiciones de vivienda deficientes o inaceptables son la pobreza, el insuficiente desarrollo económico, el crecimiento de la población, la migración y la falta de acceso equitativo a tierra y alojamiento. Esas fuerzas pueden ser insuperables, sobre todo en los países en desarrollo, donde las condiciones de vivienda se están deteriorando en muchos lugares.

En esta publicación se describen las necesidades sanitarias a que ha de responder la vivienda y las medidas que los gobiernos, las comunidades y las familias pueden adoptar para satisfacerlas, sobre todo en los países en desarrollo. La Organización Mundial de la Salud ha reforzado su apoyo a los Estados Miembros en este terreno, teniendo en cuenta la urbanización acelerada y el empeoramiento de la situación de la vivienda en muchos países en desarrollo. En particular, como contribución de la OMS al Aiiío Internacional de la Vivienda para las Personas sin Hogar, en junio de 1987 se celebró una reunión consultiva acerca de la vivienda y su importancia para la salud.a Los expertos y representantes de organismos internacionales que participaron en ella revisaron y aprobaron los principios que aqui se enuncian. Propusieron también seis cursos de acción para someterlos sin demora a los gobiernos y a los organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales interesados.

En estos principios se quintaesencian las políticas de vivienda formuladas a lo largo de muchos años por las autoridades nacionales de salud, la información sanitaria obtenida en investigaciones epidemiológicas y otros estudios, las deliberaciones de comités de expertos y reuniones técnicas de la OMS y los estudios realizados por otros órganos internacionales interesados. Son resultado de la labor de numerosas personas y grupos. No obstante, merece una mención especial el Profesor Morris Schaefer, ex docente en la Escuela de Salud Pública, Universidad de Carolina del Norte. EE. UU., que preparó un borrador de trabajo de los principios y participó en la edición de éstos durante la reunión consultiva. Deseamos expresar también nuestro agradecimiento, al Dr. A. E. Martin, antiguo oficial médico principal (higiene del medio) en el Departamento de Salud y Seguridad Social, Londres, Inglaterra, por sus investigaciones y sus aportaciones al borrador de trabajo. Los participantes en la reunión consultiva de la OMS, que revisaron y aprobaron los principios, figuran en el anexo 1.


Introducción

Esta publicación está destinada a los dirigentes, funcionarios y especialistas que se ocupan de salud, vivienda y desarrollo socioeconómico. En la parte I se proporcionan orientaciones sobre cuestiones y conceptos básicos relacionados con los aspectos sanitarios de la vivienda y se resume la información disponible sobre las relaciones subyacentes entre la salud y las condiciones habitacionales. En la parte II se describen métodos de salud pública encaminados a atender las necesidades sanitarias relacionadas con la vivienda.

En los diversos países esos principios y métodos pueden utilizarse como un catálogo de los problemas de salud que han de afrontar las autoridades sanitarias y demás personas que se ocupan de desarrollo social. La información debe usarse selectivamente y adaptarse a los problemas concretos de cada país, como base de una secuencia lógica de actividades enderezadas a mejorar la situación.

Principios

A los efectos de esta publicación, se entiende por principios las reglas que orientan la reflexión y la acción, basadas en datos experimentales, clínicos o epidemiológicos. Su formulación es deliberadamente general. La calidad de los datos en que se basan es muy variable (1). Muchos de ellos han de adaptarse a las diversas situaciones, en función de las circunstancias (clima, cultura), las preferencias (elección de terrenos y materiales de construcción) y los recursos disponibles para proporcionar alojamiento o mejorarlo.

La generalidad de estos principios los distingue de las pautas (2) y códigos de vivienda, que suelen ser elaborados por los gobiernos en base a ciertos principios con el fin de fijar normas aplicables a determinadas comunidades en un momento dado. Las pautas y códigos representan, pues, la adaptación de los principios a situaciones concretas. Además, como gran parte de las actividades relacionadas con la vivienda tienen carácter local y permanente, el alcance y la aplicabilidad de las pautas sobre vivienda siempre serán más limitados que los de los principios que se examinan en las páginas siguientes.

Consideracíones generales

Junto con los alimentos y la ropa, el alojamiento se considera desde siempre una necesidad fundamental para la vida humana. Como mínimo, el alojamiento tiene que dar albergue contra las inclemencias del entorno físico y satisfacer la necesidad psíquica de un «lugar» o territorio propio, siendo además el centro del grupo social primario, la familia.

Las maneras como los seres humanos satisfacen esa necesidad básica son infinitas: se utiliza una gama amplísima de materiales (madera, ladrillo, tierra, cemento, piedra, ramaje, pieles de animales, hielo) y las estructuras se distribuyen, se agrupan o incluso se trasladan con arreglo a pautas muy diversas. La propiedad y la tenencia de las viviendas y la tierra son también muy variables y, a menudo, las disposiciones legales dan origen a que se vean privados de vivienda adecuada los grupos de bajos ingresos. La vivienda está íntimamente relacionada con la ocupación y la actividad económica, que a su vez dependen de factores geográficos, tecnológicos y climáticos. Además del transporte, es también un elemento determinante del lugar y la forma en que vive la gente la situación política: el grado de estabilidad, seguridad, prosperidad y paz. La calidad y la distribución de la vivienda reflejan claramente la situación económica, los valores sociales y el carácter político de un país.

La vivienda está íntimamente relacionada con la salud. Su estructura y ubicación, sus servicios, entorno y usos tienen enormes repercusiones sobre el bienestar físico, mental y social. Las viviendas deficientes y mal utilizadas no brindan defensa adecuada contra la muerte, las enfermedades y los accidentes e incluso aumentan la vulnerabilidad ante ellos. En cambio, las buenas condiciones de alojamiento no sólo protegen contra los riesgos sanitarios, sino que promueven la salud física, la productividad económica, el bienestar psíquico y la energía social.

En este documento se examinan detenidamente las relaciones entre la vivienda y la salud. No obstante, en muchos paises las posibilidades de aprovechar estos conocimientos para mejorar la salud y la condición humana se ven limitadas por una serie de factores y dificultades que es preciso reconocer, comprender y afrontar.

Situación y obstáculos

Las perspectivas de conseguir un alojamiento salubre para todos» se ven fundamentalmente afectadas por el hecho de que la mayor parte de las viviendas humanas no son adecuadas para promover un estado de salud óptimo y ni siquiera para proteger a sus moradores contra riesgos evitables. La frecuencia de tales deficiencias es muy distinta según los paises y, dentro de éstos, según los grupos económicos. La mejora de la situación en este terreno depende en gran medida de un desarrollo socioeconómico gradual que, en muchos países, se ve obstaculizado por:

Pese a sus efectos negativos o limitantes, estos obstáculos sugieren algunos criterios en que basar la elaboración de políticas y programas eficaces para mejorar la situación. Por ejemplo, advirtiendo lo mucho que la construcción de viviendas depende de la acción individual parece aconsejable que los intentos de mejora aprovechen las aspiraciones y energías de inquilinos y caseros y de los grupos locales; cuando las fuerzas de la pobreza son poderosas y la presión de la población intensa, puede ser más eficaz aplicar estrategias moderadas y progresivas que métodos radicales.


Parte I

Principios relativos a las necesidades sanitarias

La relación entre las características de la vivienda y la salud humana se plasma en seis principios fundamentales, algunos de los cuales incluyen varias subdivisiones. Esos principios se refieren a:

1. Protección contra las enfermedades transmisibles.
2. Protección contra los traumatismos, las intoxicaciones y las enfermedades crónicas.
3. Reducción al mínimo de los factores de estrés psicológicos y sociales.
4. Mejora del entorno habitacional.
5. Uso adecuado de la vivienda.
6. Protección de poblaciones especialmente expuestas.


Principio N° 1

Protección contra las enfermedades transmisibles

La vivienda adecuada protege contra la exposición a los agentes y vectores de enfermedades transmisibles, gracias a

En la mayoría de los países en desarrollo, donde vive el grueso de la población mundial, las enfermedades transmisibles siguen causando un número desproporcionado de enfermedades y fallecimientos. Las principales víctimas de esa situación son los lactantes y los niños pequeños. La inmunización es una contramedida importante, pero su eficacia se circunscribe a ciertas enfermedades y pueden aminorarla aún más la insuficiencia de recursos financieros y técnicos y los problemas de distribución. El entorno doméstico es, pues, un campo de batalla decisivo para reducir la exposición a los agentes patógenos- cuando el combate no se libra bien, perecen en él los más jóvenes y los más débiles.

Al ser tantos los aspectos de la vivienda y su entorno que pueden influir en la transmisión de las enfermedades, el Principio N° 1 tiene siete subdivisiones.

Principio No 1.1

Abastecimiento de agua salubre en cantidad suficiente

El abastecimiento de suficiente agua salubre y potable contribuye a prevenir la propagación de enfermedades gastrointestinales, propicia la higiene doméstica y personal y mejora el nivel de vida.

Como el agua es esencial para vivir, se la debe proteger contra la contaminación biológica por microorganismos nocivos como la shigella, la salmonela, la Escherichia coli enteropatógena, ciertos virus entéricos y diversos protozoos y helmintos parasitarios. Las enfermedades diarreicas transmitidas por el agua afectan especialmente a los niños pequeños y, en algunos países en desarrollo, pueden causar hasta la tercera parte de las defunciones de niños menores de cinco años. La gravedad de esas enfermedades aumenta notablemente cuando la exposición se combina con los efectos de la malnutrición. Para una higiene personal y doméstica (4) adecuada se necesita agua en cantidad razonable, la cual, suministrada en condiciones idóneas, promueve esos usos, así como la productividad de la familia y la preparación higiénica de los alimentos.

Muchísima gente no cuenta con agua salubre en cantidad suficiente. Según estimaciones de la OMS, al final de 1985 estaban en esa situación el 23 % de la población urbana y el 64 % de la rural, y se calcula que en 1990 así seguirán 1200 millones de personas (5).

Aunque las cañerias son lo mejor para llevar agua suficiente y sin contaminar hasta las viviendas, será imposible proporcionar este servicio en un futuro próximo a la mayoría de los habitantes de las zonas rurales y a muchos de los habitantes urbanos de los países en desarrollo. Si el agua tiene que acarrearse desde una cierta distancia, la cantidad disponible en el hogar será casi siempre insuficiente y habrá un mayor riesgo de contaminación.

El agua puede tener orígenes muy diversos: manantiales, arroyos, charcas y lagos, pozos superficiales o perforaciones profundas. Esas fuentes deben protegerse contra la contaminación, tanto mediante barreras materiales como evitando todo comportamiento humano o animal antihigiénico. Incluso así, habrá un grado de contaminación variable y a menudo será preciso filtrar o elorar el agua. Para determinar qué medidas deben adaptarse es necesario examinar regularmente muestras de aguas con objeto de detectar la contaminación por microorganismos. Tanto en las ciudades como en el campo, se requieren trabajos de explotación y mantenimiento para asegurar un suministro constante de agua pura.

El comportamiento higiénico de los usuarios, basado en información correcta, es esencial para proteger el agua contra la contaminación durante su transporte a las casas y su almacenamiento en éstas. La utilización de recipientes limpios y que puedan cerrarse para acarrear y almacenar el agua y de vasijas limpias para beber podría mejorar en todo el mundo la protección de unos mil millones de personas contra las enfermedades transmitidas por el agua. 

Principio N° 1.2

Eliminación higiénica de excretas

La eliminación higiénica de las excretas reduce la transmisión fecal-oral de enfermedades y la reproducción de insectos vectores. 

Una de las vias principales de contaminación biológica del agua, los alimentos y el suelo son las heces humanas. La contaminación puede producirse cerca de las casas, por ejemplo, cuando la gente defeca en el suelo o en terrenos dedicados al cultivo de productos alimenticios o cuando las letrinas están mal situadas en relación con los pozos, construidas en suelo carente del necesario drenaje o mal conservadas. El rebose de las letrinas enlodaza los alrededores con la consiguiente exposición directa a helmintos y protozoos parasitarios y a otros organismos patógenos y fomenta la abundancia de moscas. La exposición puede ser menos directa, por ejemplo, cuando se introducen en las fuentes de agua, y luego en la cadena alimentarla, excretas no tratadas que transmiten organismos patógenos hasta cierta distancia del lugar en que se produjo la contaminación original (6). 

Estos riesgos son más mayores cuando hay hacinamiento, ya sea en barrios miserables, asentamientos periurbanos o campamentos temporales donde no haya servicios de eliminación de excretas, sean insuficientes o se encuentren en mal estado de conservación. 

El panorama mundial sigue siendo inquietante. En 1985, la OMS estimó que carecian de servicios apropiados de saneamiento el 40 % de los habitantes urbanos y el 84 % de los rurales y que, aun con las mejoras previstas para 1990, seguiria habiendo 1800 millones de personas en esas circunstancias. Por consiguiente, la situación del saneamiento es aún peor que la del abastecimiento de agua (5). 

El principal problema no es de carácter técnico. Existen varias técnicas, de complejidad diversa, para la eliminación higiénica de las excretas; algunas de ellas son aplicables por los propios ocupantes de las casas y otras se basan en servicios o instalaciones comunitarios. Hay un creciente interés en los procedimientos que transforman los desechos humanos en abonos agrícolas o en productos energéticos; no obstante, para tener la seguridad de que esos procedimientos destruyen los organismos patógenos), es necesario aplicar cuidadosamente medidas de higiene y supervisión (7-9). 

Principio N° 1.3

Eliminación de desechos sólidos

La eliminación adecuada e higiénica de los desechos sólidos domésticos reduce los riesgos para la salud y crea un entorno más agradable para la vida; la utilización de métodos apropiados de almacenamiento y eliminación es desfavorable a los insectos y roedores vectores de enfermedades y protege a las personas contra las sustancias venenosas y los objetos que pueden causar traumatismos accidentales. 

El inadecuado almacenamiento, recogida y eliminación de los desechos sólidos, fenómeno sobre todo urbano, puede dar lugar a una serie de riesgos para la salud, en particular a la difusión de enfermedades gastrointestinales y parasitarias, sobre todo cuando hay excrementos humanos mezclados con otros desechos orgánicos. La prevención primaria requiere reducir el número de insectos y roedores vectores de enfermedad, a los que la basura orgánica y de otro tipo proporciona alimentos, lugares para anidar y criaderos. Los aparatos, los vehículos, los somieres y las sustancias tóxicas que se tiran sin las adecuadas precauciones aumentan el riesgo de accidentes mortales, envenenamientos, asfixia, cortes y otros traumatismos con las consiguientes infecciones, especialmente en el caso de los niños que ignoran el peligro. 

Todos estos riesgos aumentan con la urbanización y el desarrollo económico, ya que los bienes de consumo se diversifican y los desechos contienen una proporción cada vez mayor de material de embalaje, papel, cartón, latas, botellas y aparatos. maquinaria y material de construcción. Cuando las ciudades crecen , más de prisa que la capacidad de las autoridades locales para prestar servicios, como en muchas comunidades urbanas de países en desarrollo, el aumento de los riesgos para la salud que representan los desechos sólidos no guarda proporción con el crecimiento demográfico. 

En los países industrializados se conocen (10) y se utilizan desde hace tiempo métodos eficaces para tratar los desechos sólidos. En cambio, los países en desarrollo se enfrentan con graves dificultades para organizar, financiar y proporcionar esos servicios, que a menudo tienen escasa prioridad en los presupuestos públicos. Además, los pobres que viven de la búsqueda de objetos desechados constituyen un grupo especialmente expuesto a traumatismos e infecciones y necesitan conocer las maneras de limitar los peligros que corren. 

Principio N° 1.4

Desagüe

El drenaje de las aguas superficiales aminora las enfermedades transmisibles, los riesgos para la seguridad y los daños a viviendas y bienes

El drenaje deficiente de las aguas superficiales -incluidas las aguas residuales domésticas- crea charcas o lodazales y zonas pantanosas que se convierten en criaderos de mosquitos, moscas y otros insectos vectores de enfermedades. En especial, las aguas estancadas próximas a pozos, letrinas y cocinas son importantes focos de contaminación biológica. Cuando los sistemas de avenamiento en mal estado de conservación se atascan y dejan de funcionar pueden convertirse en criadero de vectores y crear situaciones desagradables.

La inundación periódica de pozos, caminos, casas, ete. (incluidos los lugares donde se almacenan los alimentos) crea también riesgos para la salud pública y la seguridad. 

Principio N° 1.5

Higiene personal y doméstica

La vivienda adecuada ha de contar con medios para mantener la higiene personal y doméstica, y las personas deben ser educadas en las prácticas de higiene. 

Para que el abastecimiento de agua potable y la eliminación higiénica de excretas sean plenamente eficaces en la lucha contra las enfermedades transmisibles, deben ir acompañados por buenos hábitos de higiene. Es necesaria la limpieza del cuerpo y, en particular, lavarse las manos después de defecar, para romper la cadena de transmisión de diversas infecciones y reducir la incidencia de afecciones cutáneas (irritaciones, sepsis, dermatitis, eczema) y enfermedades oculares (tracoma, conjuntivitis). Evidentemente será más fácil fomentar la higiene personal cuando exista en las casas agua corriente y un sistema adecuado para evacuar las aguas residuales. 

El aseo y el orden en las viviendas , el ajuar y el entorno domésticos ayudarán a reducir la exposición directa a microorganismos y a combatir las plagas de insectos y roedores y los vectores de enfermedad. El agua dejada en recipientes abiertos o encharcada se convierte en criadero de mosquitos vectores de diversas enfermedades parasitarias, y las viviendas en mal estado de limpieza y conservación son lugares en que las especies dañinas pueden anidar y reproducirse. Facilitan  también su proliferación los alimentos mal almacenados y el descuido en la eliminación de desechos y sobras de comida. 

Las familias campesinas que crían animales corren especiales riesgos. Las heces y la orina de los animales que comparten el techo con los seres humanos pueden albergar agentes patógenos y dificultar la limpieza, aumentando así la exposición a insectos y animales vectores de enfermedad. Los establos deben estar distanciados de las viviendas y se debe desinfectar a los animales domésticos a fin de reducir la transmisión de enfermedades, especialmente a los niños. 

La higiene personal y doméstica es tanto cuestión de comportamiento como de medios e instalaciones. Aunque pocas personas cuentan con los mejores medios, la educación en el uso higiénico óptimo de aquellos de que disponen puede contribuir a protegerlas contra la enfermedad: un ejemplo de cómo puede promoverse la salud pese a las limitaciones financieras que impiden mejorar estructuras y servicios. 

Principio N° 1.6

Preparación higiénica de los alimentos

Las viviendas salubres cuentan para la preparación y el almacenamiento higiénicos de los alimentos con medios que permiten a sus moradores manipularlos según prácticas sanitarias.

Los hábitos alimentarios en el hogar son doblemente importantes para la salud de la comunidad. Por una parte, el estado nutricional guarda íntima relación con la resistencia a la enfermedad -puede decirse incluso que la nutrición es principal determinante del estado de salud (11)-- los medios para preparar los alimentos influyen en las prácticas y el estado nutricionales (4). Por otra parte, los alimentos contaminados son via de transmisión para diversas enfermedades causadas por bacterias virus protozoos y helmintos. Aunque hay fuentes de contaminación no relacionadas con la vivienda (toxinas naturales, residuos químicos, adulteración de alimentos, almacenamiento y comercialización insalubres), importantes riesgos domésticos pueden atribuirse a la utilización de agua no potable para cultivar productos alimenticios, lavarlos o cocinarlos; a métodos insalubres de secarlos, almacenarlos, manipularlos o prepararlos; a una manera inadecuada de cocinar y a una mala higiene personal y doméstica, como la limpieza insuficiente de recipientes y utensilios (12).

Para seleccionar, preparar, almacenar y manipular adecuadamente los alimentos son necesarios tanto medios (en particular, agua potable, enseres de cocina y espacio apropiado de almacenamiento) como prácticas culinarias e higiénicas correctas (en particular, lavarse las manos después de defecar). 

Principio N° 1.7

Salvaguardias estructurales contra la transmisión de enfermedades

La vivienda adecuada cuenta con salvaguardias estructurales contra la transmisión de enfermedades, en particular con espacio holgado para evitar el hacinamiento.

El diseño, las características estructurales, el mantenimiento y la espaciosidad de una vivienda influyen en el grado en que sus moradores están protegidos contra las enfermedades transmisibles. Los pisos de tierra no sólo dificultan la higiene doméstica sino que pueden albergar helmintos. Ciertas características estructurales favorecen la existencia de criaderos y nidos de vectores de enfermedad, en particular si se deterioran y puede ser necesario resguardar las ventanas y puertas para reducir la exposición a enfermedades transmitidas por insectos.

Se ha demostrado que el hacinamiento, en particular cuando va unido a la pobreza y a una insuficiencia de servicios, aumenta las tasas de transmisión de enfermedades como la tuberculosis, la neumonía, la bronquitis y las infecciones gastrointestinales. Las personas que duermen muy cerca unas de otras, en cuartos mal ventilados, están más expuestas al contagio de infecciones transmitidas por el aire como la meningitis meningocócica, la fiebre reumática, la gripe y el resfriado común, el sarampión, la rubéola y la tos ferina. 

Principio N° 2 

Protección contra los traumatismos, las intoxicaciones y las enfermedades crónicas 

La vivienda adecuada protege contra los traumatismos, las intoxicaciones y la exposición al calor y otros factores que puedan contribuir a la aparición de procesos malignos y enfermedades crónicas; debe prestarse especial atención a

Además de resguardar a sus moradores contra la intemperie y de proporcionar un entorno térmico adecuado, las viviendas deben proteger contra los accidentes y las sustancias que constituyan riesgos inmediatos o a largo plazo para la salud. Como en el caso de otros principios, el cumplimiento de estos requisitos depende de características estructurales y del comportamiento humano en ocasiones culturalmente determinado en lo tocante al uso de la vivienda (13, 14). 

Principio N° 2.1

Características estructurales y ajuar doméstico

La ubicación, la estructura y el amueblamiento adecuados de la vivienda protegen la salud, promueven la seguridad y reducen los riesgos.

El tipo de vivienda disponible depende de las condiciones climáticas y económicas y de las preferencias culturales. Respetando las limitaciones de ese tipo, los proyectos, los materiales y las técnicas de construcción deben producir estructuras duraderas, que proporcionen un alojamiento seguro, seco y confortable y protejan a los moradores contra sabandijas, temperaturas extremas y riesgos naturales recurrentes (terremotos, huracanes, vientos). La ubicación de las viviendas debe reducir al mínimo la exposición al ruido, la contaminación industrial y los riesgos procedentes de vertederos de desechos químicos o alimentarios así como los peligros directos e indirectos por inundaciones y corrimientos de tierras.

Los extremos climáticos pueden incrementar la morbilidad y la mortalidad. Sus efectos pueden aminorarse mediante estructuras robustas, aislamiento, una buena calefacción y ventilación o aire acondicionado contra el calor. La incidencia de las enfermedades transmisibles y las infecciones gastrointestinales suele ser mayor cuando el tiempo es caluroso y húmedo. Cuando hace frío, la hipotermia es una amenaza, en particular para los muy jóvenes y los muy viejos, sobre todo si las temperaturas son tan bajas que los tipos de edificios construidos no ofrecen protección adecuada. En el caso de los pobres, puede ser necesario, además de buenas viviendas, enseñarles a autoprotegerse y darles asistencia comunitaria en forma de combustible y alojamiento provisional (15, 16).

Los edificios muy altos, pueden presentar riesgos especiales, algunos de los cuales aumentan en proporción directa con la altura. Sobre todo si las normas sobre vivienda son deficientes y no se aplican rigurosamente, las fallas estructurales pueden representar una amenaza directa para la vida y la salud. Las personas que viven en los pisos superiores pueden correr grandes riesgos en caso de incendio o explosión- el no funcionamiento de los ascensores por avería o apagón puede resultar gravosa, especialmente para ancianos e inválidos. Las turbulencias atmosféricas y el desagüe insuficiente de las aguas pluviales pueden agudizar los problemas. En los edificios altos pueden plantear problemas psicosociales el excesivo ruido y la escasa privacidad en apartamentos mal insonorizados, la falta de acceso a terrenos seguros de juego y recreo y los pocos puntos de salida. Para los niños, puede haber que optar entre el aislamiento en el apartamento o el juego en la calle, lejos de los padres, mientras que los ancianos y los discapacitados físicos pueden verse condenados a la soledad. 

En la mayor parte de los bloques de apartamentos, podría mejorarse la seguridad construyendo las escaleras de tal forma que se reduzcan los riesgos de caída, colocando altas las ventanas para evitar caídas y diseñando e instalando los dispositivos de calefacción (en particular los que tengan llamas o elementos caloríferos) de manera que se aminore el riesgo de incendio o de escape de gases nocivos como el monóxido de carbono. En edificios y bienes de consumo, deben tomarse grandes precauciones para evitar la exposición a materiales tóxicos conocidos, como las pinturas al plomo, el asbesto, la creosota y ciertos plásticos, polimeros y productos sintéticos que pueden despedir emanaciones tóxicas. Las zonas de trabajo -sobre todo las cocinas- deben diseñarse y equiparse teniendo en cuenta la seguridad tanto como la eficacia. El alumbrado, sea natural o artificial, debe ser suficiente para que los residentes puedan desarrollar adecuadamente sus actividades, estén a gusto en casa y eviten los accidentes. No debe ser tan viva ni tan mortecina que dañe la vista. 

El ajuar y enseres domésticos también deben elegirse teniendo presente la seguridad. La tapicería de los muebles, las cortinas y las alfombras no deben contener materiales sintéticos que pueden incendiarse fácilmente o despedir emanaciones tóxicas. Los niños en particular no deben estar expuestos a bordes y esquinas en que se puedan lastimar. 

Las estructuras, los alrededores y el mobiliario deben mantenerse en buen estado a fin de evitar traumatismos, especialmente a niños y ancianos, para quienes los accidentes de diverso tipo son a menudo la principal causa de fallecimiento. 

Principio N° 2.2

Contaminación del aire interior

Las viviendas bien diseñadas, construidas y ventiladas, libres de sustancias tóxicas e irritantes, reducen los riesgos de cáncer y enfermedades respiratorias crónicas. 

Entre los contaminantes del aire que pueden estar presentes en el hogar figuran el óxido de nitrógeno, el monóxido de carbono el radón, el formaldehído, el dióxido de azufre, el dióxido de carbono, el ozono, las fibras minerales, la creosota, ciertos compuestos orgánicos y el humo del tabaco. Algunos de esos contaminantes proceden de los materiales de construcción y aislamiento, y el riesgo que presentan aumenta al deteriorarse éstos con el paso del tiempo (por ejemplo, en el caso del asbesto) (17).

Los problemas más habituales se deben a los combustibles que se queman en el interior de las viviendas, ya sea porque la ventilación de los aparatos utilizados para calentar o cocinar es insuficiente o porque se trata de combustibles biológicos (leña, carbón vegetal, residuos agricolas, estiércol animal) quemados en fogones abiertos. Tales combustibles producen combinaciones de contaminantes que afectan a cientos de millones de personas en los paises en desarrollo (18). Los riesgos de contaminación pueden intensificarse debido al empleo de sistemas de calefacción con recirculación de aire a presión en estructuras estancas (el «síndrome del edificio enfermo») (19), con el resultado de que los contaminantes introducidos del exterior den concentraciones más altas dentro que fuera (20). En los terrenos con humedad persistente o incluso anegados, un buen diseiío y la selección de materiales apropiados pueden reducir los efectos perjudiciales. 

Principio No 2.3

Seguridad química

La adopción de precauciones en el hogar reduce la exposición a sustancias químicas peligrosas. 

El uso cada vez mayor de sustancias químicas en todos los paises y comunidades constituye una grave amenaza para la seguridad y la salud. La exposición a sustancias tóxicas y cáusticas produce envenenamientos, quemaduras y efectos crónicos, algunos de ellos no conocidos. Los niños están expuestos a productos peligrosos de uso doméstico para la limpieza y otros propósitos y a la intoxicación con medicamentos. Los restos de plaguicidas en los alimentos son un peligro para toda la familia y, en las explotaciones agrícolas, la fumigación de sustancias químicas y sus residuos en la ropa y el calzado representan un riesgo directo. La contaminación química de las aguas superficiales y subterráneas por emisiones de materiales peligrosos y por la mala eliminación de éstos plantea un creciente problema de salud pública. Cuando el hogar se utiliza también cómo lugar de trabajo pueden concentrarse en él sustancias químicas (véase el Principio 2.4) 

Entre las múltiples facetas de un programa de seguridad química, tiene cada vez más importancia enseñar a la gente a protegerse a si misma y a su familia contra los riesgos que representan esas sustancias. Se debe impedir que los niños pequeños tengan acceso a ellas en el hogar, y toda la familia deberia estar informada de los riesgos y las precauciones consiguientes. 

Principio N° 2.4

El hogar como lugar de trabajo

Cuando la vivienda se utiliza también como lugar de trabajo, sus moradores deben estar protegidos contra los riesgos y la contaminación. 

En las zonas agrícolas, la vivienda está a menudo vinculada a la ocupación de la familia, con los consiguientes riesgos de origen mecánico, químico o animal. La protección contra las enfermedades, las intoxicaciones y los incendios requiere que se separen adecuadamente los aposentos de los establos y locales de trabajo y que se respeten las normas de higiene. 

Tanto en las zonas urbanas como en las rurales, se emplean a veces las casas para toda una serie de industrias de maquila o labores a destajo. Ello puede implicar la utilización de sustancias volátiles o peligrosas, ser causa de niveles de ruido, de emanaciones o humos perjudiciales o requerir el empleo de fuegos o aparatos sin protección que puedan provocar incendios o explosiones. Los riesgos aumentan cuando esas actividades se desarrollan en casas de apartamentos. La protección de los trabajadores y de sus familias y vecinos puede exigir la intervención de autoridades municipales o asociaciones de vecinos bien informadas con objeto de reducir o eliminar los riesgos para la seguridad y la salud e instruir a los trabajadores en las debidas precauciones. 

Principio N° 3 

Reducción al mínimo de los factores de estrés psicológicos y sociales

La vivienda adecuada contribuye al desarrollo social y psicológico de sus moradores y reduce al mínimo los factores de estrés psicológicos y sociales relacionados con el entorno residencial.

Desde los tiempos más antiguos, el hogar ha sido para los seres humanos un refugio, un amparo contra los riesgos físicos y los animales peligrosos, contra los rigores del trabajo cotidiano y los factores de estrés resultante de la interacción social, un lugar de privacidad e intimidad. La naturaleza de los factores de estrés y sus repercusiones psicológicas se han modificado en muchas culturas, pero persiste el concepto del hogar como refugio. En el curso de la historia, los seres humanos han generado también pautas de interacción personal y social facilitadas por el entorno de sus hogares y vecindades.

En particular en las ciudades, la situación habitacional puede ser desfavorable a la buena salud mental, que está relacionada con el concepto del hogar como refugio y con las funciones socioculturales del espacio. El hacinamiento en viviendas y asentamientos, la incertidumbre de la tenencia, el ruido excesivo, la lucha por la supervivencia, el temor a la delincuencia y a otras amenazas contra la seguridad física, la sordidez, la incomodidad física y la fealdad del entorno son con frecuencia fuentes de estrés psicológico (21, 22).

Ese estrés es aún mayor para las personas millones en algunos países en desarrollo que pasan de la vida rural a la urbana; en ellas, el "síndrome de modernización" requiere la adaptación a un modo de vida, una dieta, una ocupación, relaciones sociales (o su ausencia) y un status social radicalmente diferentes, a lo que a menudo se suma la desorganización de las asociaciones y los apoyos familiares; la gente es más vulnerable a la enfermedad cuando no hay redes sociales que la respalden. Las características deprimentes y defectuosas de la vivienda no sólo no proporcionan el refugio deseado, sino que pueden incluso dificultar el ajuste (23,24). Como los ocupantes de esas viviendas, generalmente urbanas, son arrendatarios en la mayoría de los casos, el temor al desalojo arbitrario y a la explotación sin trabas por los caseros son fuentes de estrés emocional. 

Para reducir al minimo los factores nocivos de estrés psicosocial, las viviendas deberian: 

La salud mental mejorará si, además de tener un hogar agradable y en   buen estado, se participa en actividades compartidas, especialmente en aquellas que sirvan para aminorar la sensación de impotencia que tan a menudo afecta a los pobres de las zonas urbanas y rurales y estén encaminadas a mejorar la situación en que viven (3). 

Principio N° 4 

Mejora del entorno habitacional 

El entorno habitacional adecuado da acceso a los lugares de trabajo y a los servicios esenciales y de otro género que promueven la buena salud. 

Las viviendas existen en un entorno que presenta riesgos sociales para la salud y ofrece medios de protegerla y promoverla. Esos riesgos y esos medios suelen ser muy diferentes en las zonas urbanas y en las rurales. La población urbana se enfrenta con los problemas del hacinamiento, el ruido, la contaminación del aire, la delincuencia, la pobreza, la congestión y los peligros del tránsito y el aislamiento social, si bien tiene por lo común mejor acceso a servicios de todo tipo. En las zonas rurales, pueden agravar los riesgos para la salud el aislamiento físico, la pobreza y la falta de servicios sanitarios y de apoyo financieramente viables. 

El entorno residencial no sólo debería contar con los servicios necesarios para mantener la salud y las actividades socieconómicas, por ejemplo de abastecimiento de agua, eliminación higiénica de excretas, basuras y otros desechos, desagüe y lucha contra la contaminación, sino también promover el bienestar por sus características y comodidades. Es preciso un entorno estéticamente agradable, que proporcione espacio e instalaciones para juegos y actividades recreativas, acceso al trabajo y a establecimientos comerciales y culturales, servicios de transporte asequibles y oportunidades de enseñanza y capacitación (25). 

Hay tres elementos especialmente importantes para la salud:

1. Servicios de seguridad y de urgencia que protejan contra los daños corporales, la agresión y el acoso y las sustancias
        perjudiciales para la salud, así como servicios contra incendios, de socorro y de primeros auxilios. La prestación de estos
       servicios depende no sólo de la cooperación social necesaria para organizarlos y financiarlos, sino también, en ocasiones,
       de la configuración física del asentamiento: los apiñados barrios antiguos de algunas ciudades pueden resultar inaccesibles
       para los vehículos y el personal de los servicios, o la congestión del tráfico impedir que los auxilios lleguen a tiempo. 

2. Servicios sanitarios y sociales que sean físicamente accesibles, tanto con fines curativos como preventivos. Los
        medios de transporte existentes en las zonas residenciales deben permitir a los residentes llegar no sólo a su trabajo, sino
        también a dichos servicios.

3. El acceso a los servicios culturales y de otro género ha de ser no sólo a los existentes en la vecindad y en la
        comunidad inmediata más amplia, sino también al material impreso, la radio y la televisión. La existencia de terrenos de
        juego y recreo en la vecindad y la participación en actividades comunitarias propician un sentimiento de cohesión y apoyo
        social, que contribuye tanto a la salud de las personas como al bienestar de la comunidad. La vegetación en las zonas
        residenciales -calles arboladas, zonas verdes, arboledas- mejora también las condiciones climáticas, ya que absorbe el
        polvo, regula la humedad, reduce la excesiva exposición al sol y al viento, alimenta las aguas subterráneas y da belleza al
        entorno.

Para que las viviendas sean adecuadas, su construcción debe obedecer a normas urbanísticas idóneas y efectivas. En las zonas urbanas de muchos países industrializados, la infraestructura que esto exige depende sobre todo del gobierno y es resultado de la prolongada evolución de instituciones establecidas para defender los intereses de la población en el sector de vivienda. En otras circunstancias, será la población misma la que tenga que crear instituciones que establezcan y hagan cumplir esas normas.

Principio N°  5 

Uso adecuado de la vivienda 

Las posibilidades sanitarias de la vivienda sólo se harán realidad si sus moradores la utilizan bien. 

Como se ha dicho a propósito de los principios precedentes, las repercusiones de la vivienda sobre la salud no sólo dependen de factores físicos como el terreno, la estructura y los servicios sociales, sino también del uso que hagan de ella sus moradores, individual y colectivamente.

La más adecuada de las estructuras no cumplirá sus fines sanitarios si no se la mantiene en buen estado y se deja que se deteriore. Los servicios de higiene y saneamiento serán inútiles si no se los utiliza debidamente para el aseo personal y doméstico, y el mejor equipo de preparación y conservación de los alimentos será ineficaz si su uso es inadecuado. El empleo de materiales y un diseño seguros en los bienes de consumo sólo tiene una utilidad limitada para prevenir accidentes, lesiones, incendios e intoxicaciones- para que los productos sean realmente inocuos, deben utilizarse con las precauciones y el control necesarios. De modo análogo, la planificación urbana más cuidadosa no asegurará la salubridad de un barrio, si sus residentes dejan que se ponga destartalado y sórdido o no adoptan medidas contra los factores ambientales que lo dañan o afean.

El uso adecuado de la vivienda y su acondicionamiento en aras del bienestar individual y comunitario dependen en último -término de las actitudes, aspiraciones y conocimientos de sus moradores. La experiencia de varios paises indica que las actitudes positivas pueden desarrollarse, integrándolas en la cultura popular. En algunos casos, esos cambios han sido patrocinados por los líderes sociales y los medios informativos, a veces con participación oficial- en otros, parecen haberse producido espontáneamente, en un principio a nivel local. Aunque el origen de los cambios de actitud no está muy claro, pueden adaptarse medidas sistemáticas para atender las necesidades de información y educación del público. También puede ser útil examinar la fuerza o la debilidad de los incentivos que estimulan a la gente a mejorar sus viviendas y barrios. Algunos tipos de arrendamiento o de inversión personal pueden estimular notablemente la utilización constructiva de la vivienda, mientras que otros pueden ser ineficaces o incluso contraproducentes,

Por tanto, para que se alcancen los objetivos sanitarios y sociales en lo tocante a la vivienda, no sólo hay que adoptar medidas técnicas y materiales, sino también alentar y ayudar a la gente a utilizar lo mejor posible las viviendas disponibles, proceso al que pueden hacer una útil contribución los gobiernos, estimulando las iniciativas y los deseos populares, respondiendo a ellos y cooperando en su realización (26). 

Principio N°  6 

Protección de poblaciones especialmente expuestas 

La vivienda debe reducir al mínimo los riesgos sanitarios en los grupos especialmente expuestos a las condiciones de alojamiento: 

Las deficiencias de la vivienda antes expuestas representan riesgos especiales para la salud de ciertos grupos. Esos riesgos pueden deberse a una mayor exposición, al estado biológico o a circunstancias sociales.

Las mujeres y los niños se verán probablemente más expuestos que los varones adultos a los riesgos para la salud presentes en el hogar, sobre todo porque pasan más tiempo en él y porque sus actividades los exponen más a los eventuales factores de inseguridad o peligro. La fragilidad de los niños y las condiciones de pobreza en que están condenados a vivir tantos millones de ellos, unidas a su ignorancia de los peligros, los hacen especialmente vulnerables (3); aún peor están los millones y millones de «niños callejeros» abandonados y sin techo alguno. 

La falta de agua, higiene doméstica y medios adecuados para preparar los alimentos hacen más pesado el trabajo de las mujeres y zapan su vitalidad y resistencia a la enfermedad; a esa carga pueden sumarse otras labores en los campos o en el hogar para completar los ingresos familiares (27). Por otra parte, la importancia primordial que dan al hogar la mayoría de las mujeres hace de ellas colaboradoras utilísimas en los programas comunitarios de autoayuda.

Las personas en malas condiciones de alojamiento son principalmente los pobres de las zonas urbanas cuyo número aumenta rápidamente en los países en desarrollo y que están expuestos a particulares riesgos debido a las viviendas atestadas y destartaladas en que viven.

Estas pueden clasificarse en las siguientes grandes categorías:

casas miserables de vecindad, es decir, inmuebles viejos y deteriorados, situados a menudo en el centro urbano, en los que la estructura misma, el espacio habitable, el mobiliario, el mantenimiento y el saneamiento son deficientes; sus ocupantes son con frecuencia inquilinos desprotegidos- y

villas miseria y asentamientos de precaristas, situados por lo general al borde de las ciudades de países en desarrollo, donde a las características de las casas pobres de vecindad se agregan la endeblez y el carácter provisional de las construcciones de «llega y pon» (poco más con frecuencia que chozas o cabañas, la inseguridad de la ocupación, la falta de todo saneamiento y protección de la salud, el hacinamiento y muchos otros riesgos para la salud física y mental; tales viviendas quebrantan, en suma, todos los principios valederos para un alojamiento salubre. (En esta categoría se incluyen también los asentamientos de refugiados que han adquirido carácter permanente, aunque oficialmente se los considere «provisionales».) 

Estos asentamientos, que hunden sus raíces en la pobreza y cuyos riesgos ambientales se ven agravados por la malnutrición y el analfabetismo, son la negación del concepto mismo de salud pública y contra ellos resultan impotentes los recursos y energías de la comunidad y las autoridades. El problema está a menudo relacionado con el desarrollo económico, ya sea por su incapacidad para reportar beneficios suficientes, y equitativamente distribuidos, o por su aparente éxito, que atrae a los campesinos pobres a una situación no mejor que la que dejan atrás y, con frecuencia, más peligrosa para su salud. 

La insuficiencia de las disposiciones para la construcción de viviendas en los planes de desarrollo socioeconómico expone a esas personas al hacinamiento, la suciedad y el peligro físico; las fuentes y los vectores de enfermedad se ven favorecidos por las condiciones de vida: agua contaminada para beber y bañarse, exposición directa a las excretas y a insectos y roedores que se crían en las basuras podridas y el agua estancada, alimentos estropeados o mal cocinados y aire contaminado por los afluentes de industrias cercanas y los combustibles utilizados para cocinar y calentar las casas. Los riesgos para la salud física se ven agravados por los efectos psicológicos y sociales de la indefensión y la vulnerabilidad y de una lucha encarnizada por la supervivencia.

Las poblaciones desplazadas o migrantes pueden verse expuestas a los mismos riesgos en medida aún mayor. Los refugiados de resultas de guerras y disturbios civiles, los desarraigados por proyectos de desarrollo en gran escala y las familias de los trabajadores migrantes se encuentran en una situación especialmente inquietante. Las poblaciones nómadas comparten muchos de sus problemas de salud. El hecho de que por lo general no permanezcan mucho tiempo en el mismo lugar las priva de influencia política y de derecho moral a los recursos comunitarios; los servicios que acaso obtengan no son duraderos. Su nomadeo las expone a agravios económicos y sociales y tiende a perpetuar su pobreza, mala salud y falta de educación de generación en generación.

Los ancianos, los enfermos crónicos y los discapacitados, ya vivan en condiciones marginales o en la abundancia, necesitan especialmente que se proteja su salud y disfrutar de seguridad, acceso a los servicios y medios para llevar una vida lo más activa y gratificante posible. Esos grupos, cuya movilidad es generalmente limitada, tienen necesidades diversas que pueden tener que atenderse mediante disposiciones especiales en materia de vivienda, equipo y aparatos, asistencia y supervisión, empleo, protección contra riesgos físicos (incendios, delincuencia, catástrofes naturales) y actividades sociales.


 Parte II

Principios relativos a la acción sanitaria 

Los principios 7 a 11 tratan de las maneras en que la comunidad puede satisfacer las necesidades concernientes a los aspectos sanitarios de la vivienda y se refieren a: 

  7. Propaganda de la salud.
  8. Políticas económicas y sociales.
  9. Desarrollo, planificación y gestión.
10.   Educación para la construcción y el uso de la vivienda.
11.  Cooperación y autoayuda comunitarias.

Principio N° 7

Propaganda de la salud 

La propaganda de la salud por las autoridades sanitarias y los órganos que actúan en sectores afines debería ser parte integrante de las decisiones públicas y privadas sobre vivienda. 

Para que la construcción y el uso de las viviendas contribuyan a mejorar la salud, todos los sectores interesados deben propugnar enérgicamente los valores sanitarios,y proporcionar información que los respalde. La propaganda de la salud en este sentido requiere esfuerzos no sólo de las autoridades nacionales de salud sino de otros órganos gubernamentales y no gubernamentales, pero el liderazgo de las autoridades sanitarias es esencial. Estas consideraciones sientan las bases de tres subprincipios.

Principio N° 7.1

Función de las autoridades sanitarias

La mejora de los aspectos sanitarios de la vivienda requiere el liderazgo activo y la propaganda informada de las autoridades de salud a todos los niveles. 

Para cumplir su misión y el compromiso de promover la salud en la comunidad, las autoridades de salud deben conocer bien los aspectos sanitarios del entorno habitacional, dedicar recursos a este importante sector de la intervención sanitaria y propugnar activamente la adopción de medidas preventivas y correctivas que aseguren la protección y promoción de la salud, ya sea mediante decisiones públicas o actividades privadas. La función de propaganda de las autoridades sanitarias debe plasmarse en la participación en las decisiones sobre políticas y planificación, a todos los niveles de la acción comunitaria; en la ejecución de programas educativos sobre higiene de la vivienda y salud- en la vigilancia y evaluación de las necesidades y respuestas; y en la vinculación de los programas habitacionales con otros programas sanitarios, en particular con la atención primaria de salud orientada a la familia. 

Para desempeñar esas funciones, las autoridades de salud deben conocer los aspectos sanitarios del sector local de la vivienda. Es necesario personal que pueda realizar tareas técnicas y de apoyo en el marco de los programas y proporcione a las personas que trabajan en otros programas sanitarios información sobre las repercusiones de la vivienda en la salud y la gama de posibles intervenciones, a fin de alentarías a establecer vínculos eficaces entre los programas (25, 28). 

Principio No 7.2

Función de grupos conexos

Para mejorar la salud en los aspectos relacionados con la vivienda será útil movilizar las energías y capacidades de todos los organismos y grupos conexos. 

Como los recursos de las autoridades sanitarias son limitados, deben ampliarse las actividades de propaganda de la salud, haciendo participar en ellas a los organismos públicos que se ocupan de cuestiones afines (planificación, servicios de saneamiento), a las organizaciones comunitarias (cívicas, religiosas, sociales) y a los grupos profesionales (arquitectos, constructores, ingenieros civiles); los líderes de los partidos políticos pueden desempeñar también un papel estratégico en los esfuerzos por mejorar la vivienda. 

No sólo es necesario que los líderes sanitarios respondan a las iniciativas de las organizaciones interesadas, sino que deben adaptarse medidas para localizar a los colaboradores potenciales y a las personas que puedan influir en las medidas adoptadas en el sector de la vivienda, proporcionarles información sugerirles maneras de colaborar y mantener los contactos y la comunicación necesarios para asegurar que continúe su cooperación. Al ser gran parte de la construcción de viviendas obra de las propias familias, son colaboradores potenciales importantes los que pueden transmitir el mensaje de salud: maestros, medios informativos y líderes comunitarios. 

Principio N°  7.3

Mensajes de salud

La propaganda de la salud debe actuar a través de múltiples cauces y canales. 

Para ser eficaz, la propaganda de la salud en el terreno de la vivienda y en otros sectores sanitarios ha de ser ubicua -como lo son los riesgos para la salud y las medidas necesarias para mejorarla-. Por lo tanto, la información sobre los problemas sanitarios y las actividades precisas para mantener y mejorar la salud debe transmitiese por conducto de los órganos decisorios nacionales y locales, los organismos de planificación y desarrollo, los ministerios que se ocupan de actividades productivas y servicios sociales, los grupos profesionales, las organizaciones políticas y cívicas, las instituciones de enseñanza (laicas y religiosas), los medios informativos, los líderes comunitarios y, en particular, los servicios sanitarios que están en contacto directo con los particulares y las familias. Las comunicaciones horizontales y oblicuas son tan importantes o más que los canales oficiales de comunicación vertical, cuando no más. 

Principio N° 8 

Políticas económicas y sociales 

Las políticas económicas y sociales que influyen en el estado de la vivienda deben apoyar la utilización de los terrenos y otros recursos del sector para potenciar al máximo la salud física, mental y social. 

Las medidas preventivas y correctivas fundamentales dependen a menudo de las grandes políticas de los gobiernos y las organizaciones económicas. La incorporación de los valores sanitarios a las políticas que influyen directa o indirectamente en el entorno habitacional es de gran valor estratégico, ya que puede influir en la elección por los individuos de alternativas que apoyen los objetivos de salud. Esas políticas pueden obviar la necesidad de acciones correctivas dispersas, a veces entrometidas y con frecuencia dispendiosas. Por ejemplo, una política que facilite la adquisición de viviendas propias puede ser más eficaz (y mucho más eficiente) que las campañas informativas para persuadir a los inquilinos a que mantengan bien sus hogares. Tienen especial interés en relación con los aspectos sanitarios de la vivienda las políticas -con frecuencia relacionadas entre sí referentes a: 

  Principio N° 9 

Acción intersectorial para la planificación y la gestión del desarrollo 

El desarrollo económico y social, que afecta a la vivienda, debe basarse en procesos apropiados de planificación, la formulación y aplicación de políticas públicas y el suministro de servicios, así como en una colaboración intersectoríal para: 

Para que las políticas sean eficaces y socialmente productivas, su formulación y aplicación deben efectuarse con arreglo a procesos adecuados de planificación y gestión. Los procedimientos aplicados en relación con el desarrollo socioeconómico presentan especial interés, porque algunos proyectos de desarrollo tienen la finalidad directa de mejorar la vivienda, mientras que los problemas habitacionales están inextricablemente enlazados con numerosos proyectos de desarrollo económico, porque éstos desplazan comunidades, requieren alojamiento temporal para sus propios trabajadores o alteran el entorno físico y social en las proximidades de zonas residenciales establecidas. 

La colaboración intersectorial, esencial para alcanzar las metas sanitarias, es necesaria para casi todos los procesos mencionados, si se desea que el desarrollo y el bienestar social contribuyan a mejorar la salud y reporten muchos otros beneficios potenciales (29). No obstante, las características del desarrollo habitacional hacen que la colaboración intersectorial sea a un tiempo importante y dificultosa. Las responsabilidades e iniciativas están muy diseminadas en ese sector y participan en él numerosos organismos no gubernamentales. En algunos países. no existe un único órgano nacional responsable de las cuestiones de vivienda. Además, incluso cuando ese órgano se crea, sólo puede actuar como centro de los esfuerzos encaminados a obtener la necesaria colaboración de otros ministerios. Las actividades de los organismos gubernamentales y no gubernamentales pueden afectar al sector de la vivienda en forma directa (entidades de financiación, industria de la construcción , sindicatos , fabricantes de materiales) o indirecta (ministerios de los sectores productivos, juntas de desarrollo, funcionarios de la administración local, servicios sociales). Por otra parte, como en la mayor parte de los paises son los particulares los que construyen, modifican y adquieren las viviendas, todos los organismos que pueden influir en las decisiones personales o familiares al respecto deben colaborar en encauzar la elección popular hacia tipos convenientes de viviendas y de uso de éstas. 

Principio N° 9.1

Planificación y gestión del desarrollo

La incorporación de criterios sanitarios y sociales a la planificación y gestión del desarrollo económico puede impedir que se construyan viviendas que representen un derroche y un peligro. 

El principio 9.1 se refiere a las actividades de desarrollo planeadas por las autoridades centrales o locales (como ocurre a menudo en los países en desarrollo) o a los planes privados de desarrollo, cuando esas autoridades están facultades para autorizarlos o prohibirlos, como es habitual en los paises industrializados de economia de mercado.

En esas circunstancias, debería tenerse en cuenta, al diseñar y aprobar los proyectos, la manera en que cada propuesta de desarrollo puede influir en los aspectos sanitarios y de seguridad de las viviendas y barrios. Errores muy diversos pueden dar lugar a efectos perjudiciales la ubicación de las industrias en lugares en que afectan en forma desagradable y peligrosa a las viviendas y al suelo y las aguas circundantes, el trazado de los transportes públicos de tal modo que desorganizan los barrios ya establecidos en lugar de vincularlos entre si, la falta de preparativos para el traslado de la mano de obra a los nuevos lugares de trabajo, el desplazamiento de asentamientos y de su población y la insuficiencia (o la ausencia) de alojamiento temporal para las familiares durante la ejecución de un proyecto de desarrollo.

En los países en desarrollo, el crecimiento rápido e incontrolado de los centros urbanos da lugar a una distribución y una densidad tales de las viviendas que resulta muy costoso suministrar la infraestructura y los servicios necesarios. Las viviendas del sector público y los asentamientos de precaristas se construyen con frecuencia en laderas pendientes, llanuras inundables u otros lugares inadecuados. Los planes oficiales no tienen a veces en cuenta los riesgos de corrimientos de tierra o erosión. Los precaristas eligen terrenos riesgosos porque son los únicos en que tienen posibilidades de evitar el desalojo. Esa distribución improvisada de las viviendas eleva enormemente el costo del suministro de agua corriente, drenaje de aguas pluviales, calles y otros servicios y elementos infraestructurales esenciales. 

Por otra parte, la planificación bien orientada del desarrollo puede hacer que éste reporte los máximos beneficios a la comunidad, por ejemplo, si se sitúan los servicios sociales y sanitarios donde puedan ser útiles al mayor número de personas o a las más menesterosas, se invade el mínimo de terrenos agrícolas productivos, se limitan los daños causados a los bosques, se promueve la rehabilitación de recursos valiosos en el sector de la vivienda y se desarrolla la capacidad de autoayuda de las comunidades- todo esto implica, por supuesto, que éstas participen en los procesos de planificación y decisión. 

En la planificación del desarrollo, con frecuencia no son técnica o políticamente hacederas estimaciones formales del impacto sobre el habitat o sobre el medio, pero el principio de que las decisiones deben tener en cuenta las consecuencias sociales del desarrollo económico puede acatarse por medios pragmáticos e informales. 

Para ello, los círculos sanitarios y sociales deben intervenir en la adopción de decisiones sobre el desarrollo, ya sea directamente por conducto de las autoridades de salud o, indirectamente, gracias al conocimiento y receptividad a las cuestiones sanitarias en los decisores y planificadores del desarrollo. Por otra parte, como los participantes oficiales y comunitarios precisan información adecuada sobre las consecuencias para la salud de las diversas decisiones posibles, los representantes sanitarios pueden desempeñar una función activa de asesoramiento, con el apoyo de los recursos informativos necesarios. 

Principio N° 9.2

Urbanismo y ordenación del suelo

Tener en cuenta la información y los valores sociales en la planificación urbana y la ordenación del suelo contribuye a asegurar que la vivienda promueva una mejor salud. 

La introducción de consideraciones sanitarias y sociales debería atenuar el predominio que suelen tener los criterios físicos y económicos en las decisiones sobre la ordenación del suelo en las zonas urbanas y no urbanas y sobre la ubicación de las estructuras y los servicios de transporte en las ciudades. Las reclamaciones de terrenos disponibles, no utilizados o mal utilizados, para atender las necesidades en el sector de la vivienda deben poder competir en pie de igualdad con las hechas en nombre del desarrollo industrial y comercial.

La capacidad del entorno urbano para satisfacer las necesidades humanas de agua, saneamiento, aire limpio y transporte debería tenerse en cuenta al adoptar decisiones sobre zonas residenciales, ubicación de industrias y transporte. Quizá se requieran en ocasiones, para obtener la información precisa, proyectos de investigación y experimentales que permitan hallar las soluciones mejor adaptadas a las condiciones locales. 

Principio N° 9.3

Legislación y normas en materia de vivienda y su aplicación

Deben incorporarse criterios sanitarios a la legislación y las normas que regulan la construcción, el mantenimiento y el uso de las viviendas y de su entorno. Tales normas deben ser claras y coherentes y propiciar una oferta de viviendas asequibles que vaya corrigiendo gradualmente la situación; su aplicación eficaz debe asegurarse mediante el establecimiento de los adecuados servicios de apoyo técnico. 

Para establecer normas sobre la parte del sector de la vivienda que es objeto de supervisión y reglamentación oficial se utilizan diversos instrumentos jurídicos. además, se puede recurrir a directrices y recomendaciones sobre prácticas adecuadas para reforzar las normas y extender su influencia a las viviendas no reglamentadas. Aparte de los códigos de vivienda, en los que se estatuyen los requisitos que deben cumplir los alojamientos humanos, contienen disposiciones al respecto los códigos de edificación, de instalaciones de plomeria y saneamiento, las leyes sobre ruidos y otras molestias, las ordenanzas sobre planificación urbana, las reglamentaciones sobre instalaciones eléctricas y las disposiciones legales sobre el alquiler de viviendas. Es importante que se incorporen normas sanitarias a esos instrumentos jurídicos para que todos los que participen en la construcción y el mantenimiento de viviendas conozcan los problemas sanitarios y la manera de resolverlos, tengan la obligación de respetar las normas y sean considerados responsables de su cumplimiento. Además, esos instrumentos normativos deben ser coherentes y estar al dia; ello requerirá invertir recursos, en particular en la formación y el nombramiento de personal competente. 

El criterio de la coherencia debe aplicarse de manera que favorezca las posibilidades de mejoramiento de la vivienda, en lugar de reducirlas. Las normas que no sean prácticas no podrán respetarse ni hacerse cumplir, y un conjunto único de normas jamás será aplicable a todos los países ni a todas las viviendas de un país. Las disposiciones inflexibles, y en exceso exigentes pueden provocar que no se haga nada; las normas poco prácticas discriminan sobre todo a los pobres, que son los más necesitados. 

Para que las normas no sean un obstáculo a la acción, deben estar encaminadas a introducir mejoras graduales. Deben representar una transacción entre las ideas abstractas sobre lo que es adecuado y óptimo y las posibilidades realistas de mejorar en un momento determinado la salud, la seguridad y la comodidad de un asentamiento o barrio, teniendo presentes la situación económica, el entorno y las prácticas culturales. Esto requiere que se establezcan disposiciones locales o toda una gama de disposiciones progresivas, en vez de formular una norma nacional única o hacer cumplir reglas anticuadas o no adaptadas a la situación real. Sugiere también que, en particular en los países en desarrollo, el establecimiento de disposiciones legales o consultivas debe considerarse una tarea gradual, que no puede ejecutarse «de una vez para siempre», en la que las normas sean más elevadas a medida que el desarrollo socioeconómico haga más hacedero ir mejorando las condiciones de alojamiento. 

Entretanto, la aplicación de normas en cualquier etapa ha de respaldarse con asistencia técnica, asesoramiento y orientaciones sobre la manera de aumentar la salubridad de la vivienda al menor costo posible. 

Principio N°  9.4

Diseño y construcción de viviendas

En las normas sobre diseño y tecnología de la construcción de viviendas deben incluirse medios apropiados de garantizar la seguridad y promover la salud.

Los aspectos de las viviendas relacionados con la salud y la seguridad mejorarán también si los que las diseñan y construyen tienen en cuenta esos aspectos en sus planes, las técnicas de construcción utilizadas y la selección de materiales. En el caso de ciertas viviendas de las zonas urbanas y suburbanas, para aplicar este método será necesario informar e influenciar a los arquitectos y constructores; en el caso de otras viviendas urbanas y de prácticamente todas las viviendas rurales, se trata de llegar a los propios residentes. A la educación corresponde difundir conocimientos sobre las normas de diseño y construcción (principio 10). 

Tampoco hay, ni deben establecerse, normas universales sobre diseño, materiales y construcción. Las diferencias en lo tocante a clima, materiales disponibles, preferencias y prácticas culturales y capacidad financiera fuerzan a establecer normas distintas para cada país. Han de estimarse las circunstancias y posibilidades del sector para adoptar normas adoptadas a la situación -o que puedan adaptarse a ella cuando vayan acompañadas de nuevos modos de suministrar materiales baratos, antes inalcanzables para la mayor parte de la población, pero que satisfagan las exigencias de la salud y un alojamiento confortable. 

Para adoptar decisiones sobre las normas, puede resultar útil el concepto de «regiones ecoculturales». Ya sea dentro de un país o a horcajadas de las fronteras nacionales, hay grupos que tienen respuestas tradicionales a su entorno, íntimamente relacionadas con la ecologia de la región, lo cual significa que se debe consultarlos para averiguar sus preferencias antes de decidir. 

Principio N° 9.5

Suministro de servicios comunitarios

Los servicios de saneamiento y los servicios de salud afines deben organizarse en la comunidad. 

Deben organizarse servicios basados en la comunidad para apoyar el uso sanitario de la vivienda, en particular para la eliminación de excretas y desechos sólidos, el abastecimiento de agua limpia y el avenamiento de las aguas estancadas. En las zonas urbanas, «basados en la comunidad» tiene la connotación de que se financiarán mediante gravámenes o el pago de tarifas. En las comunidades rurales, connota que los residentes organizarán actividades en cooperación y determinarán lo que habrá de aportar cada uno de ellos. En este último caso, corresponde a los líderes locales iniciar procesos de educación y creación de consenso con fines de autoayuda, para lo cual es necesario que se conozcan mejor las consecuencias beneficiosas que tiene para la salud sanear las viviendas y la comunidad.

Principio N°  9.6
Supervisión y vigilancia

Para mejorar la vivienda se requieren activa supervisión y vigilancia 

Al igual que otras mejoras de la salud, las relacionadas con la vivienda dependen en gran medida de la cantidad y la calidad de la información que pueda obtenerse y aplicarse al decidir sobre políticas, normas, estrategias de intervención y servicios. Del mismo modo que las autoridades sanitarias necesitan información sobre el estado de salud de la población, la incidencia y prevalencia de enfermedades, la disponibilidad y utilización de servicios y las fuentes de contaminación ambiental, para asegurar la higiene de las viviendas se precisa información actualizada sobre la situación y las prácticas en materia de alojamiento. Esa información debe reunirse, tratarse, analizarse y utilizarse adecuadamente.

Al determinar los datos que será necesario reunir, los líderes de salud no deben olvidar las fuentes de información que existen en otros organismos (vivienda, censo, extensión agricola) ni las posibilidades de vincular el acopio de datos sobre vivienda con servicios ya existentes que están en contacto con la gente en sus hogares (atención primaria de salud y otros programas periféricos, inspecciones sanitarias). Como en todos los sistemas informativos sobre gestión, el establecimiento de un sistema de supervisión y vigilancia de la higiene de la vivienda requiere actividades de planificación y diseño, a fin de determinar qué información se necesita y para qué a la hora de formular políticas, programar y decidir sobre el suministro de servicios. 

Principio N° 10 

Educación para una vivienda salubre 

La educación -pública y profesional- debe promover activamente la construcción y el uso de las viviendas de manera que favorezcan la salud. 

Como la construcción y el uso de las viviendas son inseparables de las opciones y el comportamiento individuales, la educación es un instrumento fundamental para mejorar la salud en el hogar. Las actividades educativas tienen múltiples destinatarios:

Los ocupantes de las viviendas son el grupo mayor y más importante, ya que las familias construyen a menudo sus propios alojamientos y son, por definición, las usuarias de las viviendas. Se trata de que comprendan mejor qué se requiere en el hogar para promover la salud de la familia (en la medida de los recursos disponibles) y las prácticas de higiene personal y doméstica, mantenimiento, reducción de riesgos y prevención de accidentes que permiten a las personas acrecentar su propia salud y bienestar.

Los arquitectos, los constructores y los fabricantes y proveedores de materiales necesitan instrucción sobre los aspectos del diseño y la construcción que promueven la salud y reducen los riesgos. La información sanitaria debe integrarse en los programas académicos de estudio pertinentes y ha de llegar a los profesionales en ejercicio mediante la educación continua, en la que pueden colaborar eficazmente las asociaciones profesionales.

Los agentes de salud (desde los médicos, ingenieros y técnicos de saneamiento que trabajan en la comunidad hasta los auxiliares de atención primaria) han de comprender los riesgos sanitarios que pueden presentar las viviendas e integrar actividades educativas y otras medidas correctoras en su labor sanitaria. Son también destinatarios de la instrucción los que trabajan en otros sectores como la extensión agrícola, el desarrollo rural o la labor social y que, gracias a su posición, pueden influir y colaborar en las actividades de mejoramiento económico y social de las familias. 

Los responsables de las políticas, los planificadores v Gestores del desarrollo y los funcionarios de la administración local deben comprender las implicaciones sanitarias de la vivienda, puesto que ello puede repercutir de diversas maneras en sus responsabilidades y en las decisiones que adopten.

La instauración de esas actividades educacionales será una empresa considerable, ya que supone establecer un «cuerpo de conocimientos» adaptado a las condiciones y metas nacionales y locales, elaborar el material y los mensajes didácticos oportunos, seleccionar canales para transmitir esos mensajes y capacitar profesores e instructores. Para que la educación sanitaria sea eficaz, son necesarios líderes competentes, capaces de formar a otros para transmitir los diversos mensajes a los distintos destinatarios. Porque, además de la enseñanza académica, es necesario utilizar las redes comunitarias y los medios informativos, tanto con fines docentes directos como para crear un clima de opinión favorable a los objetivos sanitarios. 

Principio N° 11

Cooperacion y autoayuda comunitarias 

Frente a las necesidades y problemas del hábitat humano, los procesos de autoayuda, ayuda entre vecinos y cooperación comunitaria deben estar respaldados por la participación de la comunidad a todos los niveles. 

Aunque la educación es necesaria para que los ocupantes de las viviendas cuenten con la base de conocimientos que les permita actuar para mejorar la situación habitacional, puede no bastar para que los pongan por obra, en particular si los esfuerzos en lo tocante al abastecimiento de agua, la eliminación de desechos y la mejora del barrio requieren cooperación entre las familias. Puede ser necesario apoyo dentro y fuera de la comunidad local para que los conocimientos se plasmen en actitudes positivas y medidas eficaces. 

Las mujeres no sólo son las principales víctimas de la inadecuación de la vivienda sino también, en potencia, poderosos agentes de cambio. Como son las que dan a luz y crian a los niños, mantienen el entorno doméstico, acarrean el agua desde lejos y cuidan a los enfermos, son las más interesadas en mejorar las viviendas. En muchas culturas, son las más activas y eficaces para movilizar y organizar a la población en demanda de mejores servicios de salud y condiciones de vida y para adoptar las medidas prácticas apropiadas. 

El mayor impulso en pro de la mejora de la situación de la vivienda procede de la propia comunidad, de las actividades organizadas integradas en la vida de sus miembros. Ese impulso puede reflejar actitudes e ideales colectivos o plasmarse en programas de servicios basados en la comunidad, la cooperación física entre vecinos o el desarrollo de recursos comunitarios. La manera de iniciar esas actividades será muy distinta según los grupos sociales de cada pais y según los países. Algunas veces la gente sólo necesita una oportunidad clara para participar; otras, los grupos precisan que se les dé confianza y se los aliente a explicitar sus necesidades y qué ayuda desean; otras, en fin, la cooperación se estimulará con actividades bien concebidas patrocinadas por organizaciones comunitarias. Sean cuales fueren los medios necesarios para hacer realidad la cooperación, en general los esfuerzos serán más eficaces si se dispone de información que permita conocer mejor las posibilidades y cristalice la opinión, sentando las bases de la cooperación local para la formulación de ideas y propuestas, la búsqueda de medios de ejecución y la contribución en dinero, en especie o en trabajo. 

Cuando se precisa asistencia exterior para desarrollar esas capacidades, se debe vincularla con otras actividades de autoayuda de la comunidad, como la atención primaria, el desarrollo rural y la organización vecinal en las zonas urbanas y periurbanas. Aumenta considerablemente las perspectivas de éxito de todos esos esfuerzos el ser su objetivo esencial ayudar a la gente a mejorar su situación en forma directa y tangible.


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Anexo 1
Reunión consultiva de la OMS acerca de la vivienda y sus repercusiones sobre la salud
Ginebra, 9-15 de junio de 1987

Participantes

Profesor A. P. Barnabas, Consultor, División de Ciencias Sociales, Indira Gandhi National Open University, Nueva Delhi, India

Dr. S. Boyden, Jefe, Programa de Ecología Humana, Centre for Resources and Environmental Studies, Australian National University, Canberra, Australia (Relator)

Dr. J. Bugnicourt, Secretario Ejecutivo, Acción pro Desarrollo Medioambiental en el Tercer Mundo, Dakar, Senegal

Sr. L. Costa Leite Secretaria Municipal de Obras Públicas y Servicios Públicos, Río de Janeiro, Brasil (Presidente)

Sr. T. Deelstra, Profesor Adjunto, Departamento de Vivienda, Planificación Fisica y Gestión, Universidad Tecnológica, Delft,
Paises Bajos

Sr. D. Djoekardi, Director de Vivienda, Dirección General de Asentamientos Humanos, Ministerio de Obras Públicas, Yakarta, Indonesia

Sr. Y. Hassan, Director, Ingenieria de Salud Pública, Ministerio deConstrucción, Vivienda y Servicios Públicos, Jartum, Sudan

Dr. F. K. Kloutsc, Director Adjunto, Servicio Nacional de Saneamiento, Saneamiento/Salud, Lomé, Togo (Vicepresidente)

Profesora A. Krtilova, Jefa, Departamento de Higiene de la Construcción y la Vivienda, Instituto de Higiene y Epidemiología, Praga, Checoslovaquia

Dr. K. Meguro, Director General, Departamento de Higiene del Medio, Organismo del Medio Ambiente, Tokyo, Japón

Dr. J. Michelsen, Bogotá, Colombia

Sr. N. D. Peiris, Secretario Adicional (Técnico), Ministerio de Administración Local, Vivienda y Construcción, Colombo, Sri Lanka

Representantes de otras organizaciones

Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional

Sr. M. J. Lippe, Director Regional-Africa Occidental, Vivienda y Desarrollo Urbano, ADI, Abidjañ, Cóte d'lvoire

Centro de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (Hábitat)

Dr. G. S. Sinnatamby, Oficial de Asentamientos Humanos, Nairobi, Kenya

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia

Dr. L. T. Bisharat, Asesor Regional Oriente Medio y Africa Septentrional, UNICEF, Ammán, Jordania

Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo

Sr. D. E. Satterthwaite, Investigador Adjunto, IIMAD, Londres, Inglaterra

Oficina Internacional de/ Trabajo

Sr. D. Fillinger, Especialista en Industria de la Construcción, OIT, Ginebra, Suiza

Dr. M. Pigott, Consultor, OIT, Ginebra, Suiza

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Sr. A. H. Rotival, Coordinador del Decenio Internacional del Agua Potable y del Saneamiento Ambiental, PNUD/OMS, Ginebra, Suiza

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente

Sr. A. Renlund, Oficina Regional del PNUMA para Europa, Palais des Nations, Ginebra, Suiza

Secretaría de la OMS

Sr. B. Appleton, Prenton, Birkenhead, Merseyside, Inglaterra (Consultor)

Sr. R. Bahar, División de Biologia de los Vectores y Lucha Antivectorial, OMS, Ginebra, Suiza

Sr. R. Novick, Oficial Responsable, Higiene del Medio en el Desarrollo Rural y Urbano y en la Vivienda, OMS, Ginebra, Suiza (Secretario)

Sr. G. Ozolins, Administrador, Prevención de la Contaminación del Medio, OMS, Ginebra, Suiza

Profesor M. Schaefer, Profesor de Polftica y Administración Sanitarias, School of Public Health, University of North Carolina at Chapel Hill, NC, EE. UU. (Consultor)

Sra. J. Sims, Auxiliar Técnica, Prevención de la Contaminación del Medio, OMS, Ginebra, Suiza

Sr. M. Sulciman, Abastecimiento Público de Agua y Saneamiento, OMS, Ginebra, Suiza

Dr. J. Woodall, División de Vigilancia Epidemiológica y Evaluación de la Situación Sanitaria y de sus Tendencias, OMS, Ginebra, Suiza


Actualizado el 22/Set/99
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