DE LA IDENTIFICACION DE PROBLEMAS A LA REGLAMENTACION

Reglamentos basados en los efectos para la salud


El propósito fundamental de la Ley del Aire Limpio de 1970 fue proporcionar el mecanismo de reglamentación necesario para reducir las concentraciones de contaminantes nocivos del aire a niveles que originen efectos adversos no significativos para la salud. Este esfuerzo ha sido sumamente exitoso para un grupo de sustancias frecuentes en el aire ambiental.

La Ley del Aire Limpio de 1970 proporcionó un mecanismo de reglamentación para reducir los contaminantes nocivos del aire.

Normas Nacionales de Calidad del Aire Ambiental (NAAQS, por sus siglas en inglés)

A fines de los años cuarenta y principios de los cincuenta, muchas personas observaron un cambio en la calidad del aire alrededor de áreas densamente pobladas, especialmente en zonas metropolitanas importantes como las ciudades de Nueva York y Los Ángeles. Las investigaciones sobre las causas de este smog proporcionaron algunos resultados increíbles:

  • Los productos químicos responsables de este cambio provenían principalmente del uso de combustibles fósiles para el funcionamiento de los vehículos de transporte.
  • Aunque el smog era más perceptible en las áreas densamente pobladas, los productos químicos involucrados se encontraban en casi todo el aire ambiental.

Se realizaron diversos estudios para determinar si esos productos químicos de amplia cobertura eran nocivos para quienes los respiraban. Numerosos estudios indicaron que, efectivamente, esas sustancias tenían consecuencias adversas para la salud humana, desde irritación de ojos y dolor de garganta hasta bronquitis y efectos más graves. Estos hallazgos hicieron noticia y se solicitaron más estudios. A finales de los años sesenta, los datos sobre los niveles nocivos y los efectos de esas sustancias ya eran suficientes como para que el Congreso norteamericano pudiera establecer reglamentos concernientes a los niveles aceptables en el aire ambiental. En un documento sobre criterios de la calidad del aire, se compiló la información sobre cada uno de estos productos químicos, que terminaron llamándose contaminantes criterio.

Los contaminantes criterio originan efectos adversos para la salud y se pueden encontrar en el aire ambiental.

Actualmente, las Normas Nacionales de Calidad del Aire Ambiental reglamentan los siguientes contaminantes criterio:

  • monóxido de carbono (CO);
  • plomo (Pb);
  • dióxido de nitrógeno (NO2);
  • ozono (O3);
  • material particulado menor de 10 micrómetros de diámetro (PM10) y material particulado menor de 2,5 micrómetros de diámetro (PM2,5)
  • dióxido de azufre (SO2).

Normas Nacionales de Emisión para los Contaminantes Peligrosos del Aire (NESHAP, por sus siglas en inglés)

Desde luego, en 1970 el aire ambiental ya contenía otras sustancias tóxicas además de los contaminantes criterio, lo cual fue especialmente cierto dentro y alrededor de las instalaciones industriales. Todos los contaminantes no criterio se agruparon bajo el término contaminantes peligrosos del aire. Para estos contaminantes, la Ley del Aire Limpio de 1970 sancionó normas basadas en los riesgos que ellos suponían para la salud, establecidas en un nivel que protegía la salud pública con un amplio margen de seguridad.

La Ley del Aire Limpio de 1970 ordenó normas basadas en los riesgos para la salud.




Mediante normas basadas en los riesgos para la salud, solo se identificaron seis contaminantes criterio y ocho contaminantes peligrosos del aire.

La EPA, en particular, quería especificar el nivel crítico en el cual un contaminante peligroso del aire aumenta la incidencia de un efecto adverso por uno en un millón sobre la incidencia general en la población. Lamentablemente, muchas de las sustancias que generaban preocupación no eran las que habían capturado los titulares de los periódicos durante los años cincuenta y sesenta. Por otro lado, los estudios fueron completamente inadecuados para producir datos tan precisos como los que habían llamado la atención de la opinión pública en las décadas anteriores.

Desde 1990, la EPA ha venido regulando las emisiones de 188 contaminantes peligrosos a través de la promulgación de Normas Nacionales de Emisión para los Contaminantes Peligrosos del Aire (NESHAP). Actualmente, la gran mayoría de las normas de emisión ya ha sido promulgada.

¿Por qué son difíciles de aplicar los reglamentos basados en los efectos para la salud?

Por diversas razones, el mecanismo de reglamentación implantado por la Ley del Aire Limpio de 1970 falló en la implementación de normas para los contaminantes peligrosos del aire. En primer lugar, las sustancias de interés no se parecían en nada a los contaminantes criterio, que se encontraban básicamente en todas partes. Generalmente, los contaminantes peligrosos del aire son productos químicos provenientes de fuentes específicas que afectan solo a áreas aisladas. Tales productos no generaron preocupación pública porque se supuso que si las personas lo deseaban, podían evitar la exposición. Las descargas químicas accidentales que afectaron a la población en general —especialmente la de Bhopal, India, en 1984— ayudaron a captar el apoyo público necesario para la reglamentación de dichos contaminantes. El movimiento de salud ocupacional también presionó para que el gobierno norteamericano los controlara mejor.

Generalmente, los contaminantes peligrosos del aire son productos químicos provenientes de fuentes específicas que afectan a áreas aisladas.

Otro problema con la reglamentación de los contaminantes peligrosos a través de la legislación de 1970 fue que muchos son carcinogénicos. En la lección 4, vimos que los carcinógenos no tienen dosis mínima; incluso la cantidad más pequeña puede producir cáncer. La Ley de 1970 fue explícita al requerir una norma segura de emisión que proporcionara un amplio margen de seguridad. Obviamente, esto resultó imposible para los carcinógenos, salvo que se pensara en la eliminación total de las sustancias de la atmósfera, lo que era igualmente imposible.

Como si fuera poco, existía, además, el problema de la falta de datos sobre este tipo de productos químicos. Aun cuando existiera información disponible, siempre surgía el tema constante de la validez de los datos toxicológicos. ¿Se puede aplicar a los seres humanos resultados de estudios realizados en animales? ¿Es posible que estudios de uno a dos años de duración indiquen con exactitud las consecuencias de la exposición durante periodos más largos, incluso toda una vida? Es más: los seres humanos rara vez están expuestos a un contaminante peligroso del aire de manera aislada. Las exposiciones a sustancias químicas diversas, que son propias de la vida real, generan todos los complejos factores relativos a las interacciones químicas: sinergia, antagonismo, potenciación, etcétera. En términos sencillos, demasiadas variables influyen en la aparición de efectos adversos en la salud de los seres humanos. A menudo, los investigadores no están seguros de realizar las extrapolaciones y suposiciones necesarias para extraer conclusiones cuando entran en escena la legislación y las eventuales responsabilidades legales.

Surgieron con frecuencia nuevos problemas sobre las pocas sustancias para las cuales se habían implantado normas. A veces, las normas de emisión reguladas eran imposibles de cumplir con la tecnología existente en ese momento. Por lo tanto, no se alcanzó la mayoría de objetivos de reducción de emisiones. Los representantes del gobierno de los Estados Unidos sabían que se necesitaba una base nueva y viable para reglamentar los contaminantes peligrosos del aire y comenzaron por revisar la legislación de 1970. La Ley de 1990 enmendó muchas deficiencias de la versión de 1970.

Los representantes del gobierno de los Estados Unidos se dieron cuenta de que se necesitaba un nuevo método para reglamentar los contaminantes peligrosos del aire.