REPINDEX Abastecimiento de agua y saneamiento en desastres No. 67
Abril 1999

Salud Ambiental en el  Contexto de los Desastres Naturales

Dr. Sergio Álvarez Gutiérrez
Medico Cirujano
Salud Pública, Emergencias y Desastres
Oficina de Defensa Nacional, Ministerio de Salud. PERU


       Introducción

Desde inicios de la historia, los desastres naturales han causado problemas complejos que afectan principalmente la salud y obstaculizan el desarrollo socioeconómico de las naciones porque desvían recursos financieros para la reconstrucción de las áreas afectadas.

Continuamente los países sufren desastres naturales, como el fenómeno El Niño, que no solo ocasionan gran número de damnificados, heridos y muertos, sino también daños en la infraestructura de los servicios y en el sector agropecuario, así como alteraciones en el ambiente que conllevan pérdidas económicas y ecológicas.

Los daños a la salud implican no solo la atención inmediata a las víctimas, sino efectos de mediano y largo plazo como consecuencia de la suspensión, parcial o total, de los servicios básicos de agua y saneamiento, de la carencia de alimentos, del incremento y desplazamiento de vectores, de la instalación de refugios temporales y de la interrupción de los programas de vigilancia y control de enfermedades. Todos estos aspectos exigen un esfuerzo coordinado de las instituciones y el uso racional de los recursos disponibles.

Ante los desastres, la respuesta prioritaria del sector salud es la organización de la salud ambiental mediante medidas oportunas que permitan reducir o eliminar el riesgo de incrementar la morbilidad y mortalidad por enfermedades que se pueden prevenir.

Las medidas de salud ambiental contribuyen no sólo a proteger la salud de los habitantes de las áreas afectadas, sino también de las zonas próximas y a reducir el elevado costo de los servicios de salud durante la emergencia.

La salud ambiental se entiende como el control de los factores del ambiente que pueden afectar el bienestar físico, mental, económico y social de una población; por ello, la gestión de la salud ambiental con posterioridad a los desastres naturales es un tema de suma importancia.

Se considera como desastre natural a todo evento fuera de control que rápidamente desorganiza los patrones cotidianos de vida y que deja a la población sin protección frente a condiciones ambientales desfavorables. Luego de un desastre natural pueden ocurrir cambios radicales o de poca consideración en las condiciones vinculadas con la salud ambiental. Estos cambios dependerán del tipo y magnitud de los daños y de la efectividad de las medidas de control implementadas como respuesta. 

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Fig.1. Las Poblaciones más afectadas con la ausencia de los servicios de
agua y saneamiento son las que viven en pobreza.


Prioridades de la Salud Ambiental en Desastres

Es frecuente que los recursos disponibles inmediatamente después de un desastre no sean suficientes para atender todas las necesidades de salud ambiental. Es necesario establecer las siguientes prioridades:

  • abastecimiento de agua potable;
  • disposición de excretas;
  • manejo de residuos sólidos;
  • instalación de albergues saludables.

Luego de atender estas necesidades básicas, hay que adoptar medidas para:

  • control de alimentos;
  • prácticas de higiene personal;
  • control de vectores.

Por lo general, las actividades de salud ambiental se orientan a la atención de la población damnificada, pero las experiencias demuestran que los establecimientos de salud y los hospitales de campaña, principalmente en los países del tercer mundo, se convierten en factores de riesgo debido a la alta demanda de servicios y al volumen de residuos que se acumulan durante la atención médica. Esto exige implementar y desarrollar acciones específicas para instalaciones de salud, de acuerdo con la complejidad de los servicios y del ambiente.


Agua

El agua es el elemento vital para la población afectada, especialmente para los niños y ancianos, por lo que es indispensable disponer de un abastecimiento permanente, en cantidad suficiente y de fácil acceso, con acciones de control y vigilancia de su calidad.

Las medidas de racionamiento dependerán de las necesidades de las personas y se deberá vigilar su consumo y conservación.

Apenas aumente el abastecimiento de agua, deben levantarse las restricciones porque existe una correlación entre el consumo de agua (cantidad) con la limpieza (calidad) y entre la limpieza con la incidencia de enfermedades.

Aún si no se hubiera logrado tratar la fuente de agua, es imprescindible para la salud pública proporcionar las cantidades mínimas necesarias

Otra alternativa es buscar nuevas fuentes de agua salubre para uso público, como pozos profundos y plantas privadas de tratamiento de agua pertenecientes a fábricas de leche, alimentos, bebidas y otros. La cloración y el uso envases apropiados permiten aprovechar estas fuentes de suministro.

En cuanto al manejo de grandes volúmenes de agua, por regla general, para el transporte no se usarán camiones de combustibles, de sustancias químicas ni de aguas servidas. Los camiones deben desinfectarse antes de abastecerse y el agua debe desinfectarse siempre con cloro. Para el manejo de pequeños volúmenes de agua igualmente hay que desinfectar con cloro; en circunstancias especiales, se puede recurrir a la filtración si no hay suficiente combustible para hervir el agua.

Cuando se hacen reparaciones en el sistema de agua potable, se debe dar prioridad a las redes de suministro de agua que abastecen a los establecimientos de salud y puntos de concentración de personas.

Las cantidades mínimas de agua que se recomiendan por persona al día en emergencias son:

Consumo Diario de Agua
(por persona)

Durante la evaluación 6 litros
Albergues y campamentos 40-60 litros
Hospitales de campaña 15-20 litros
Centros de alimentación 20-30 litros

                             Fuente: OPS/OMS                                 

Estas cantidades varían de acuerdo con la cultura de cada país y el tipo de desastre.

En las zonas urbanas debe reiniciarse inmediatamente el proceso de cloración y su respectivo control diario. Se debe reparar las instalaciones de cloración dañadas y limpiar y desinfectar las tuberías principales, los reservorios y las plantas de tratamiento.

Es importante identificar los lugares en los cuales exista contaminación del agua, especialmente los reservorios temporales y los envases de uso doméstico, pudiendo evitarse su consumo mediante el uso de desinfectantes y la ubicación de nuevas fuentes.

Debe evitarse la distribución masiva de desinfectantes en tabletas, polvo y líquidos, salvo cuando es posible instruir sobre su uso en campañas de información o cuando existan promotores de salud que refuercen el debido uso del desinfectante. Además, se deben distribuir envases para almacenar agua, y verificarse la necesidad de suministrar desinfectante adicional durante la fase de emergencia y la primera fase de rehabilitación.

Deben reiniciarse a la brevedad posible los exámenes bacteriológicos del agua. Si no se cuenta locamente con el equipo básico, se debe incluir en la lista de suministros que se solicitan a los países que prestan ayuda durante la emergencia. Si se identifican bacterias en el agua, se debe aumentar la cantidad de cloro residual y la presión en el sistema de distribución.

En los albergues se debe poner mayor énfasis al abastecimiento oportuno, almacenamiento ade- cuado y vigilancia cotidiana del agua segura, a fin de evitar el riesgo de enfermedades.

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Figura 2. La limitación de acceso a los servicios públicos de agua y saneamiento afecta
principalmente a los niños quienes sufren de enfermedades.


Disposición de Excretas

Inmediatamente después de los desastres naturales, el sistema de eliminación de excretas y alcantarillado suele ser defectuoso. Si no se adoptan medidas adecuadas, pueden presentarse:

  • criaderos de moscas u otros vectores;
  • contaminación del suelo y fuentes de agua;
  • contaminación de los alimentos por las moscas y el polvo;
  • aumento de la incidencia de enfermedades gastrointestinales, infecciosas y parasitarias.

El siguiente cuadro presenta los servicios sanitarios mínimos recomendables durante la fase de emergencia.

Servicio Sanitario Mínimo

Letrina 5-6 asientos (100 personas)
Lavatorios 1 (10 personas)
Banco-lavatorio 2 de 3 mts.
Duchas 1 (30 personas)
Recipiente para la basura 1 de 100 litros (25 personas)

                                   Fuente: OPS/OMS

En la fase de rehabilitación se pueden atender algunas necesidades básicas sin usar instalaciones complejas. Las letrinas se usan especialmente en centros de refugios para atenuar la demanda de servicios higiénicos Las letrinas de trinchera son aptas para períodos breves y se instalan con facilidad. Las letrinas bajas son adecuadas como máximo para una semana de uso; para períodos más prolongados se deben excavar trincheras más profundas. Como máximo, una letrina puede ser usada por 20 personas. El fondo de todas las trincheras debe tener una distancia mínima de un metro y medio sobre la capa freática en sitios secos. Las letrinas deben estar ubicadas a una distancia mínima de 15 metros cuesta abajo de todas las fuentes de agua en un lugar de fácil acceso. Las trincheras deben limpiarse dos veces al día para controlar las moscas y olores y se deben rellenar antes de abandonarlas.

El tipo de letrina depende de las características geográficas, principalmente de la profundidad del nivel freático y de las condiciones ambientales previas de los servicios de saneamiento.


Protección de los Alimentos

Luego de un desastre, es necesario evitar la contaminación de los alimentos y el consumo inadecuado de los mismos a fin de disminuir la ocurrencia de brotes infecciosos entre los refugiados y los trabajadores de socorro. Se tiene que considerar también la posibilidad de enfermedades transmitidas por el agua.

Los daños causados en los centros de almacenamiento de alimentos, de refrigeración, de venta y otros, pueden favorecer la contaminación y deterioro debido a la suciedad y gérmenes patógenos.

Por lo tanto, las medidas de salud ambiental también deben promocionar acciones preventivas para controlar la distribución y preparación segura de alimentos a través de la información, educación y comunicación sanitaria en los comedores comunitarios.


Lucha contra Vectores

Las condiciones que se presentan inmediatamente después de un desastre favorecen el incremento de insectos y roedores. La causa puede ser la desorganización de los servicios sanitarios, como la recolección y disposición de basuras. La aglomeración de personas en refugios temporales aumenta el riesgo de enfermedades transmisibles por insectos y roedores.

Las inundaciones crean condiciones antihigiénicas y contribuyen a la formación de criaderos que permanecen activos por buen tiempo, por lo que es necesario adoptar medidas sencillas que eliminen esos espacios, como la inspección, el drenaje, el relleno y la inversión de los receptáculos.

En las áreas rurales, las medidas preventivas deben modificar el ambiente rápidamente para reducur el riesgo de focos epidémicos, que suelen ser mayores en esos espacios geográficos.

Encuesta sobre vectores. Generalmente hay tiempo suficiente para realizar una encuesta sobre vectores antes de instituir medidas de control de emergencia en relación con el tipo de desastre. Para las encuestas se deben formar equipos especiales, presididos por entomólogos y sanitarios experimentados en la lucha contra vectores.

La información del trabajo de campo indicará si son suficientes los programas tradicionales o si es necesario fortalecer algunas actividades. Usualmente, no se justifica recurrir a medidas excepcionales como el rociamiento aéreo o el uso de nuevos insecticidas de alto precio. Sin embargo, en zonas de alto riesgo representan una alternativa arrojarse los desechos en lugares adecuados, situados a un mínimo de cinco kilómetros de cualquier zona densamente poblada.

Control de vectores:  Para localizar criaderos de moscas y vectores deben inspeccionarse los sitios de disposición de basuras, corrales, albergues de animales y lugares donde puedan acumularse desechos de mataderos o sustancias orgánicas en descomposición. Es importante identificar los charcos de agua. El clima y la estación son factores que inciden en la descomposición y en la proliferación de vectores. El procedimiento más eficaz de lucha contra las moscas es la práctica de un adecuado almacenamiento, recolección y disposición higiénica de desechos orgánicos. Si no es posible el relleno sanitario ni la incineración, deben arrojarse los desechos en lugares adecuados, situados a un mínimo de cinco kilómetros de cualquier zona poblada

Control de roedores: La proliferación de roedores se previene al extender e intensificar la recolección y eliminación de basuras en dos kilómetros a la redonda de la zona poblada. La finalidad es privar de víveres a las ratas mediante la aplicación de procedimientos adecuados de al- macenamiento y eliminación higiénica de alimentos. Cuando es inminente el peligro de una epidemia transmitida por roedores o epizootia, se debe emprender acciones de emergencia para conocer los tipos y los índices de densidad de población de roedores.

Cuando no hay peligro inminente de epidemias transmitidas por ratas, debe prepararse un mapa maestro que indique los sectores donde se necesite luchar contra ellas. La zona debe dividirse en secciones, cada una cubierta por una brigada encargada de aplicar los rodenticidas.


Cadáveres

Los cadáveres no representan un mayor riesgo, al menos durante las primeras 72 horas, pero sí constituyen un crítico problema social por lo que su eliminación debe ser rápida mediante el entierro o cremación. Estas medidas requerirán la identificación previa por los familiares o el agrupamiento de los cadáveres no reconocidos. Se tiene que identificar cada uno de los cadáveres y llevar un registro detallado para deslindar responsabilidades legales.

El entierro individual o en fosas comunitarias son los métodos más sencillos y apropiados si resulta ritualmente aceptable y físicamente posible. La cremación no se justifica por razones de salud, además las cremaciones en masa requieren grandes volúmenes de combustible.

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Figura 3. Los desastres naturales tienen un ciclo de ocurrencia en
el tiempo, estemos preparados.


Conclusiones

Los desastres naturales producen efectos adversos de diferente intensidad sobre la salud ambiental y frecuentemente causan daños físicos a los sistemas de agua y saneamiento. Los estragos pueden ser leves o graves e incluso cuando las estructuras físicas quedan intactas, la prestación del servicio suele verse afectada por la falta de personal, de transporte y de electricidad.

Cuando hay un gran número de sobrevivientes obligados abandonar la zona de impacto directo del desastre, los efectos adversos se sienten en las localidades que reciben a los damnificados, siendo probable que colapsen los servicios de saneamiento locales ante la demanda inusual.

La prestación eficaz de servicios de salud ambiental en emergencias se fundamenta en la aplicación de un conjunto de prioridades distintas de las normales. Durante las emergencias se optimiza el empleo de todos los recursos escasos y se reducen al mínimo los riesgos de salud del mayor número de damnificados.

El hacinamiento es el factor de riesgo más importante en los campamentos y asentamientos temporales porque las instalaciones sanitarias son improvisadas y la población es transitoria.

Es fundamental que las medidas sanitarias de emergencia se concentren en los lugares en los cuales el desastre ha modificado las condiciones preexistentes, al punto de crear un nuevo riesgo para la salud integral de la población.

Los problemas crónicos existentes en las poblaciones afectadas son imposibles de resolver durante la rehabilitación, por tanto, debe quedar claro que no constituye un objetivo inmediato mejorar las condiciones de los servicios de salud ambiental en niveles que superen las condiciones anteriores al desastre. Se debe examinar con prudencia la asesoría de expertos no familiarizados con los servicios preexistentes.

La primera prioridad de atención en salud ambiental son las áreas de elevada densidad demográfica por los riesgos de morbilidad agravados por el abastecimiento de agua y los servicios sanitarios inadecuados. Los esfuerzos estarán dirigidos a estas zonas aunque hayan sufrido perjuicios moderados.

La segunda prioridad la merecen las poblaciones de menor densidad y las zonas que tienen una población dispersa pero que han sufrido graves daños.

Las víctimas padecerán menos problemas si no se demora el suministro básico de agua y si se proveen albergues mínimos saludables. Además, una adecuada protección de los alimentos, un oportuno control de vectores y entierro o cremación de cadáveres.

Durante una emergencia se debe utilizar primero los materiales y recursos humanos locales, procurándose la participación activa de los habitantes del lugar.

La asistencia que se solicita de lugares alejados frecuentemente llega después que han pasado las condiciones de emergencia. Por lo tanto, la ayuda externa es más útil para la reconstrucción antes que para atender necesidades inmediatas.

Finalmente, una recomendación general que debe tener presente el personal, es que a pesar de las presiones a las que están expuestos cuando ejecutan medidas de urgencia de corto plazo, no se deben perder de vista las necesidades de rehabilitación y mejoramiento de los servicios sanitarios. Deben calcularse los costos preliminares para reestablecer los servicios de abastecimiento de agua, alcantarillado, y otras obras de salud ambiental . Para ello es imprescindible elaborar un plan de reconstrucción que incluya cálculos de costos y presupuestos.


Referencias Bibliográficas

  1. ASSAR, M. Guía de saneamiento en desastres naturales, Geneva, WHO; 1971.

  2. OPS. Salud Ambiental con posterioridad a desastres naturales. Washington DC: PAHO; 1982 Publicación Científica N° 430.

  3. OPS. Atención de emergencias en salud ambiental y provisión de agua, Washington DC: PAHO; 1988.

  4. OPS. Health management of natural disasters. Washington DC: PAHO; 1999. Publicación Científica N° 407.

  5. OPS. Administración sanitaria de emergencia con posterioridad a desastres naturales. Washington DC: PAHO; 1986.

  6. RUIZ, G.A. Sistemas de agua potable y alcantarillado en casos de emergencia. Presentado en el XVI Congreso Interamericano de Ingeniería Sanitaria y Ambiental. República Dominicana, Santo Domingo, 1978.